
HASTA QUE LLEGUE EL DÍA
Las palabras se envilecen durante el ocaso,
van tomando fantasmagóricas formas sensuales,
se atreven con la liviandad del silencio,
aman,
libres
y la pócima del deseo
que habita en la brujería más poética
atrapa a cuantos la leen...
Ningún rincón está libre de su maldad desnuda.
Ningún escondite puede cobijar a las almas que se dejan seducir por el verso de la noche.
Una mirada se deja entrever,
lasciva,
presta a hacer brotar
la sangre de sus víctimas
y escribir en rojo,
absolutamente en rojo.
Aliento con aroma a muerte de voluntades,
al hedor de los prejuicios que se pudren ante tanta tentación...
Entre sábanas negras los sueños cohabitan todos entre sí,
se aman, se retuercen, gimen, susurran...
Pronto se cumplirá el mayor pecado jamás perdonable...
Pronto, muy cerca de nuestros verbos insolentes.
Y a la llegada del alba dos cuerpos despertarán entrelazados,
los rayos de sol devolverán la normalidad a cada rincón,
bendiciendo, curando, perdonando,
a sabiendas que la luna, más ramera que nunca,
volverá a azotarles con el látigo del pecado.
Inspirado en las palabras del poeta Francisco J. Picón, mi maestro.
Y al lector insolente, pagado de sí mismo por creerse inmune al poder de la palabra, un hálito de rimas
adolescentes, vírgenes de métricas incipientes, cohabitará diluido entre su aliento para convertir su silencio en
poema, tentaciones con aromas a sueños por cumplir, emociones derramadas en el vacío inerte de la soledad,
incienso en forma de sarro poblando el diente de ajo de la lujuria, estertores de desidias, abanicos de terciopelo
calvo de ausencias... Tentaciones con aromas a sueños sin cumplir. El pecado jamás perdonable será el de no
pecar, lo prohibido será bendito, los tabúes serán costumbres, la vergüenza dará paso a la amistad sin pudores...
Y el aquelarre del tiempo morirá de juventud.
(Francisco J. Picón)