viernes, 19 de febrero de 2010

PALABRAS


Se repite como una rutina empalagosa, comienza con el alba y termina al anochecer. Durante la oscuridad levemente se adormece, para despertar una y otra vez cada nuevo día. A veces, muy pocas, siento que se ha difuminado y podría jurar incluso que me ha abandonado, para intentar anidar en otra alma fácil. Pero me miento a mí misma. La necesidad de escribir vuelve a susurrarme sus formas vertiginosas detrás de mi cuello, siempre a mis espaldas. Sin piedad.

ANA ARROYO

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